La excongresista Vivian Olivos explicó en entrevista con Beto Ortiz los motivos de su sorpresiva renuncia a Fuerza Popular tras 15 años de militancia, así como su polémica decisión de llamar a votar por el político Roberto Sánchez.
La exparlamentaria argumentó que su alejamiento del partido naranja se debió a una profunda falta de reciprocidad y empatía por parte de la dirigencia fujimorista durante una etapa vulnerable de su vida personal, rechazando además los calificativos de “despecho” político.
Quince años de militancia y una ruptura inesperada para Vivian Olivos
Durante su entrevista en ‘Beto a Saber’, Olivos enfatizó su larga trayectoria y su lealtad histórica hacia el partido liderado por Keiko Fujimori.
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La exlegisladora recordó haber defendido activamente la campaña presidencial en plazas difíciles como Arequipa, donde incluso llegó a recibir agresiones físicas, y haber dedicado gran parte de su vida a la recolección de firmas para consolidar la organización. Sin embargo, este compromiso de tres lustros llegó a su fin de manera abrupta, dejando desconcertados a sus electores por el giro ideológico que supuso su posterior recomendación de voto.
Falta de reciprocidad institucional
El detonante de su salida, según el testimonio de la propia excongresista, ocurrió durante los últimos meses de su embarazo. Olivos reveló que la interna de Fuerza Popular careció del “tino” y el apoyo necesario cuando se encontraba a los dos últimos meses de gestación, una situación que describió como dolorosa debido a su condición de madre soltera.
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La falta de respaldo humano y político por parte de la cúpula partidaria en un momento tan crítico fue el factor determinante para que decidiera dar un paso al costado de la bancada.
Una decisión sin tibiezas en el escenario electoral
Al ser cuestionada por Beto Ortiz sobre el sinsentido ideológico que representa haber apoyado públicamente a Roberto Sánchez, Olivos descartó que su postura fuera un acto de despecho.
La exlegisladora justificó su llamado electoral afirmando que el panorama del país la obligó a tomar una postura firme entre las opciones disponibles. “No soy tibia”, sentenció, asegurando que prefirió asumir una definición clara en lugar de mantener una posición neutral ante la coyuntura política del Perú.






