La reciente liberación del general Daniel Urresti no solo ha sacudido el tablero político, sino que ha puesto bajo la lupa la cohesión ideológica de Podemos Perú.
Según el periodista Beto Ortiz, este evento representa un “regalo de los dioses” para José Luna Gálvez, quien ahora cuenta con un refuerzo de peso para enfrentar la “guerra frontal” contra Rafael López Aliaga. Sin embargo, este beneficio estratégico trae consigo una profunda crisis de coherencia para los sectores progresistas de la agrupación.
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El conflicto moral de la izquierda tras la liberación de Daniel Urresti
La libertad de Urresti, condenado por el asesinato del periodista de Caretas, Hugo Bustíos, coloca en una posición comprometedora a figuras de izquierda que hoy militan en Podemos tras la fragmentación de Perú Libre. Ortiz cuestiona cómo personajes como Raúl Noblecilla o Guido Bellido podrán conciliar sus discursos de defensa de los derechos humanos con la celebración de la libertad de un hombre sentenciado por un crimen que la izquierda defendió sistemáticamente durante décadas.
“No sé cómo van a conciliar su espíritu socialista y el espíritu de cuerpo con su partido. Es aquí donde la incoherencia va a salir a flote”, señaló Ortiz, enfatizando que el votante cuestionará a los candidatos que hoy caminan de la mano con el general.
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Un “acorazado” contra López Aliaga
Más allá del dilema ético, la llegada de Urresti es vista como un movimiento táctico providencial. Con su característica “quimba y firulete”, el general se perfila como el encargado de lanzar la artillería verbal contra ‘Porky’, permitiendo que José Luna preserve su imagen sin desgastarse en el choque directo. Ortiz califica a Urresti como un “misil humano” cuya liberación en este momento preciso resulta, cuando menos, “inquietante y llamativa”.
Finalmente, el análisis advierte sobre la actitud del general al abandonar la celda. Lejos de un perfil bajo, Urresti optó por las arengas, una postura que Ortiz critica al recordar que el exministro no es un “preso político”. La gran interrogante que queda en el aire es si la cárcel ha moderado al general o si, por el contrario, regresará a la arena política con una agresividad renovada que termine por fracturar definitivamente las alianzas internas de su partido.










