En temporada de circo, la carpa se armó esta vez en el Poder Judicial. El fiscal del Equipo Lava Jato, José Domingo Pérez, conocido por su espectáculo mediático, llegó al Palacio de Justicia con chaleco antibalas, marcando el inicio de un juicio que promete ser tan escandaloso como entretenido.
Con gestos obscenos documentados en Justicia TV y declaraciones polémicas, Domingo Pérez no defraudó a su audiencia. En una de las más recientes sesiones, denunció que dichos gestos eran discriminatorios, los cuales quedaron plasmados en los registros oficiales.
Como un mago en su mejor número, Domingo Pérez desapareció los cargos y responsabilidades de los actores del caso más corrupto en la historia del país: los megaproyectos de Odebrecht. Entre los momentos destacados, se encuentra su pedido para que Jorge Barata, exrepresentante de Odebrecht en Perú, sea testigo en el caso 'Cocteles', una solicitud que Katherine Ampuero, exprocuradora ad hoc del caso Lava Jato, desestimó diciendo: "Barata no hablará más".
En otro acto sorprendente, el 5to Juzgado de Investigación Preparatoria Nacional revocó el acuerdo de colaboración eficaz con Barata, dejando sin efecto su condición de colaborador eficaz.
El circo montado por los fiscales de Lava Jato ha sido criticado por su blindaje nefasto en favor de la transnacional brasileña Odebrecht, evidenciado en un acuerdo de colaboración que no ha dado resultados en 8 años. Según Thomas Gálvez, exfiscal supremo, "estos fiscales se han arrodillado ante Barata, por lo que siguen aún de rodillas".
La colaboración eficaz se habría firmado con términos sospechosos, permitiendo que Odebrecht siga operando en el país. Este acuerdo, según la Resolución N.° 20, de la jueza María de los Ángeles Álvarez Camacho, refleja la aceptación absoluta de las condiciones impuestas por Barata y sus abogados.
A pesar de la supuesta colaboración, Odebrecht no solo siguió operando, sino que también se le permitió mantener concesiones clave, como el Sistema de Irrigación de Olmos en Lambayeque. La empresa, ahora conocida como Novonor, ha mantenido privilegios en proyectos importantes, a pesar de su ineficaz gestión y corrupción comprobada.
Gálvez y Ampuero han señalado repetidamente las deficiencias y complicidades de los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez, quienes, según ellos, trabajaron para encubrir a Odebrecht. Ampuero resaltó que "la empresa tiene mucho que agradecer a Domingo Pérez por la pésima negociación dentro del acuerdo de colaboración eficaz".
La renovación de concesiones y el continuo contrato con el Estado muestran que Odebrecht, ahora Novonor, ha recibido un trato excepcionalmente favorable. La impunidad se mantiene, y las críticas apuntan a la ineficiencia y corrupción de los fiscales involucrados.
La historia de Odebrecht en Perú es un espectáculo que sigue en curso, con nuevos actos y personajes que se suman al circo judicial. Los ciudadanos esperan un desenlace justo, aunque las probabilidades parecen cada vez más remotas.
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