La gestión de Dina Boluarte, que se extendió por dos años y 306 días, concluyó con la aprobación de una resolución de vacancia por parte del Congreso de la República. Su mandato la convierte en la primera mujer en la historia del Perú en ser destituida de la presidencia.
Boluarte asumió el cargo en diciembre de 2022, presentándose como una alternativa de gobierno tras el fallido autogolpe de Estado de Pedro Castillo. En ese momento, se posicionó como la figura destinada a estabilizar el país en medio de una severa crisis política.
Sin embargo, su periodo en el poder estuvo definido por una serie de controversias y una persistente baja aprobación en las encuestas. La relación con la ciudadanía se vio afectada por constantes protestas en diversas regiones del país.
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Dina Boluarte y Vladimir Cerrón
Incluso antes de llegar a la presidencia, Dina Boluarte ya enfrentaba serios cuestionamientos. Uno de los primeros fue su presunto rol como “cajera” de Vladimir Cerrón, secretario general del partido Perú Libre.
La acusación se originó por la apertura de una cuenta mancomunada destinada a recaudar fondos para el pago de la reparación civil de Cerrón, quien fue sentenciado por corrupción. Este hecho marcó su perfil público desde la campaña de 2021.
A esto se sumó una investigación por el presunto plagio de un libro. Estos antecedentes acompañaron su ascenso político, primero como vicepresidenta y ministra de Desarrollo e Inclusión Social, y luego como jefa de Estado.
Durante su gobierno, las críticas no solo provinieron de la oposición, sino también de figuras que alguna vez fueron cercanas. Maritza Sánchez, identificada como su excolaboradora, la describió como “sinónimo de cinismo y mentira”.
“Miente y miente mucho. Inclusive, en una sola oración te dice cuatro mentiras. Se acordarán del Rolex, que era un artículo de antaño, que ella se había comprado, cuando ella había trabajado desde los 18 años. Y no era de antaño, ni se lo había comprado ella y con lo que trabajó a los 18 años no le alcanzaba para el Rolex, ¿no? Entonces, en una sola oración es capaz de decir varias mentiras”, declaró a ‘ContraCorriente’.
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Por su parte, el expresidente del Consejo de Ministros, Aníbal Torres, fue citado con la frase: “A Dina le gusta el poder y el dinero”. Estas declaraciones evidenciaron las rupturas políticas que se produjeron durante su mandato.
“De obreros a sus cuentas para recibir dinero de trabajadores de Podemos Perú. Un dinero que no era una remuneración para ella, era un dinero que estaban depositando ellos en los tiempos de antes a su sueldo”, agregó Maritza.
La figura de Nicanor puso a tambalear
La figura de su hermano, Nicanor Boluarte, se convirtió en uno de los focos de controversia. Se le atribuyó una notable influencia en la designación de funcionarios públicos, lo que generó acusaciones sobre la existencia de un círculo de poder conocido como “los amigotes”.
Según Maritza Sánchez, el entorno de Nicanor Boluarte tuvo un papel activo en la selección de personal para distintos cargos en el aparato estatal.
“Cuando nosotros estábamos en estos días que ya se habían ganado las elecciones, se estaban escogiendo los equipos técnicos. Entonces comienzan a llegarme de parte de Nicanor, por intermedio de Víctor Torres, tanto en USB como en físico, diferentes hojas de vida de diferentes personas y estaban eso ordenados con el nombre de la persona, su contacto, las capacidades de esta persona, experiencia previa y el cargo al que aspiraría. Yo te puedo decir con toda seguridad, te lo puedo mostrar en la computadora, y la fecha del archivo. Entonces Morgan Quero quería ser viceministro de Produce”, indicó la excolaboradora.
Investigaciones contra Boluarte
La imagen de la exmandataria también se vio afectada por el denominado caso Rolex. Las investigaciones fiscales por la procedencia de relojes de lujo y joyas generaron una crisis que impactó directamente en su credibilidad y en la percepción pública.
Las críticas se extendieron a su manejo de la comunicación, sus viajes al extranjero en medio de emergencias nacionales y sus intervenciones quirúrgicas. Estos hechos fueron calificados por sus opositores como “frivolidades” que contrastaban con la realidad del país.
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En el ámbito diplomático, el gobierno de Boluarte tomó la decisión de retirar a los embajadores peruanos en México, Colombia y Honduras, lo que evidenció tensiones en las relaciones exteriores. A su vez, enfrentó una relación compleja con la prensa, siendo cuestionada por no responder a los interrogantes de los medios de comunicación.
Con una aprobación que, según las encuestas citadas, llegó a descender al 3%, la expresidenta enfrentó el final de su gobierno con un mínimo respaldo popular y un Congreso que finalmente declaró su incapacidad para continuar en el cargo.







