Alejandro Sánchez Sánchez, dueño de la casa del jirón Sarratea, donde Pedro Castillo cambiaba el sombrero por una gorra, para la repartija, le rendirá cuentas al país tras ordenarse su expulsión de su refugio temporal en Estados Unidos, causando un remezón político.
Envuelto en el caso "Gabinete en la sombra", en el que la Fiscalía lo señala como financista y coordinador. Sánchez, el paisano de Castillo, pasó a la clandestinidad desde el 17 de noviembre de 2022.
Se le imputa a Alejandro Sánchez en calidad de presunto coautor de delito de organización criminal dedicada a comisión de diversos ilícitos como tráfico de influencia, colusión, tráfico de influencias con propósito de librar ganancias ilícitas.
Así pasó a la lista de los más buscados, donde se ofrecía hasta 30 mil soles por quién dé información de su paradero, pero nunca hubo éxito hasta que fue detenido cuando intentaba ingresar a Estados Unidos, como indocumentado, por la frontera con México.
Este personaje fue tan cercano a la familia presidencial que entraba por la puerta grande sin ningún registro. También tuvo una casa en Asia que estuvo bajo la lupa de la policía. El inmueble fue la guarida de otros prófugos como Fray Vásquez y Bruno Pacheco, una casa de campo ubicada cerca del exclusivo balneario de Asia, valorizada en medio millón de dólares.
Los próximos días serán decisivos. Sánchez Sánchéz podría regresar al Perú, esposado, para contarlo todo y revelar quiénes más llegaron al búnker de la corrupción.
Esta pieza clave en el engranaje del caso "Gabinete en la sombra" fue expulsado, pero juega su última maniobra procesal. En un plazo máximo de 15 días, el juez deberá evaluar si admite o no la medida cautelar.
De darse la expulsión, Perú tendrá que enviar a agentes policiales a recogerlo desde Texas y con ellos arribarán al aeropuerto Jorge Chávez. De allí lo pondrán a disposición del juez que ordenó la prisión preventiva.
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