Cada año, miles de millones de soles que salen de las planillas de los empleadores deberían destinarse a garantizar medicinas y tratamientos para los asegurados de EsSalud. Sin embargo, gran parte de ese presupuesto se pierde en planillas infladas, consultorías innecesarias y cuotas políticas, dejando a los proveedores sin recibir pagos y a los pacientes más vulnerables al borde de la desatención.
En la sede central de EsSalud, no son los pacientes quienes hacen largas filas, sino los proveedores que desde octubre de 2024 esperan sin éxito que se les abone el dinero adeudado por suministros médicos. La deuda acumulada supera los 395 millones de soles y afecta principalmente a más de 60 proveedores, entre ellos tres gremios importantes del sector salud.
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Esta situación ha generado una ruptura silenciosa, pero peligrosa en la cadena de abastecimiento, poniendo en riesgo la continuidad de tratamientos esenciales. Un caso crítico es el de ‘Hersil’, empresa proveedora de soluciones para diálisis peritoneal domiciliaria, que ha advertido que podría rescindir su contrato si no se cancela la deuda pendiente.
La diálisis peritoneal en casa es vital para pacientes con insuficiencia renal crónica que no pueden acudir regularmente a un hospital para hemodiálisis. Este tratamiento requiere un suministro constante de insumos, y cualquier interrupción podría poner en peligro la vida de miles de personas que dependen de este sistema para sobrevivir.
La salida de proveedores como ‘Hersil’ no tiene solución inmediata, ya que reemplazarlos implica meses de trámites y negociaciones. Mientras tanto, el sistema sigue recibiendo nuevos pacientes que requieren atención urgente, lo que agrava aún más la crisis.
Ante esta grave situación, EsSalud respondió con un comunicado escueto y sin detalles claros sobre las causas de la demora en los pagos ni sobre los plazos para resolver el problema. La falta de transparencia y compromiso preocupa a proveedores y pacientes por igual, quienes enfrentan la incertidumbre y el riesgo de quedarse sin tratamientos.
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Mientras tanto, la burocracia continúa cobrando puntualmente y los cargos se distribuyen políticamente, dejando a los proveedores al borde de la quiebra y a los pacientes más frágiles desprotegidos. Esta crisis no solo es una deuda impaga, sino una amenaza real a la vida de quienes dependen del sistema, una tragedia que podría evitarse si se toman medidas urgentes.





