El 24 de febrero del 2022, Rusia invadió a Ucrania desatando una guerra que ha sumado miles de personas fallecidas, hogares destruidos y familias separadas.
Las razones del presidente Vladimir Putin para realizar este ataque era la negativa a que el país ucraniano forme parte de la organización. Desde que la disolución de la Unión Soviética, varios países del este de Europa como las repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) y que formaron parte de la URSS en su día, ahora son Estados que son miembros de la OTAN.
En Rusia ven a la OTAN como una organización afín que defiende los intereses de los Estados Unidos en la región, por lo que una expansión de la organización que incluye a Ucrania supondría limitar al mínimo la soberanía e influencia de Rusia sobre el país.
Según la ONU, hasta ahora han muerto 6.595 civiles y 10.189 resultaron heridos, aunque la cifra real podría ser mayor, y unos 7,8 millones han huido de sus hogares y se han convertido en refugiados.
Mientras las batallas continúan y las alianzas se refuerzan, las tensiones siguen al alza y la comunidad internacional aún discrepa en el alcance de su papel.




