‘ContraCorriente’ llegó hasta la avenida Túpac Amaru, en Comas, donde se registran más de 40 robos al paso en la modalidad de cogoteo.
El robo de celulares se ha convertido en una epidemia urbana. Lo que antes era un delito menor, hoy el arrebato de un teléfono puede incluir extrema violencia y hasta la muerte para la víctima que se resiste.
Los delincuentes están al acecho de los más distraídos para infundir el miedo. Ya no importa la hora ni el lugar. El peligro está latente en cada esquina.
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En el populoso distrito de Comas, los arrebatos y cogoteos se han vuelto parte de la rutina. Bandas de raqueteros armados y motorizados actúan con total impunidad. Atacan en segundos, aprovechando la distracción y el caos.
Las horas punta son el clímax; los delincuentes rodean al transeúnte, lo golpean y le arrebatan su celular. Muchos no denuncian, otros ni siquiera alcanzan a ver el rostro de sus agresores.
296 cámaras de seguridad captan a diario a avezados delincuentes enfocando su lado más cruel.
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La delincuencia tiene su guarida y un origen. Estos criminales no solo esconden los celulares robados, sino también celebran sus asaltos con drogas y tragos.










