Subirse a una combi en la capital se ha convertido en una decisión que puede terminar en tragedia. El reciente ataque contra una unidad de la línea ‘Los Rojitos’, en San Juan de Miraflores (SJM), no solo dejó familias rotas, sino una sensación de desesperanza que se repite entre los deudos: la convicción de que no habrá justicia.
Asunción Quispe Ochoa tenía 28 años. Había salido de sus clases de farmacia y tomó el transporte público para volver a casa, donde la esperaba su hija de seis años. Sin embargo, nunca llegó. Aquel día, su madre también estaba en la ruta, en otra unidad de la misma línea.
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Pasó frente a la combi siniestrada sin saber que su hija se encontraba dentro, herida de muerte. Al llegar al lugar y ver la escena marcada por la violencia, la mujer solo alcanzó a decir: “Leve, leve”, al recordar ese impacto inicial.
“No soy mamá de congresista”: el grito de una madre ante la desigualdad tras ataque en SJM
La tragedia se confirmó poco después. Asunción fue alcanzada por los disparos dirigidos al chofer, Jorge Luis Félix Vargas, quien también falleció junto a otra pasajera, Olinda Quispe Carhuaz. Ante la pérdida, la madre de la joven estudiante mostró una franqueza que duele al ser consultada sobre si confiaba en las investigaciones.
“No, no van a encontrar, no, porque yo no soy su mamá de congresista, yo no soy mamá de alcalde, de nadie, simplemente soy una pobre provinciana, y por mí, nadie no va a dar, nadie no va a hacer justicia para mi hija”, sostuvo con firmeza.
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El impacto emocional ha golpeado con fuerza a la hija de Asunción. Según relató la abuela, la menor de seis años recién ha comenzado a asimilar la noticia: “Esa niña recién se enteró, se ha privado… desde la mañana sospechaba algo”.
Mientras el caso de Olinda Quispe —quien regresaba de trabajar como secretaria— y el de Asunción engrosan las estadísticas de criminalidad, sus familias quedan suspendidas en un duelo marcado por la indiferencia estatal.










