Los candidatos presidenciales Keiko Fujimori y Roberto Sánchez han trasladado la confrontación de los debates directamente a las plazas públicas, lanzando duros cuestionamientos que evidencian las profundas diferencias entre ambos proyectos políticos.
Durante sus mítines en Huarmey y Huacho, la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, cuestionó severamente la idoneidad de su oponente. Fujimori no dudó en calificar la coalición de Sánchez como una “mala imitación de Pedro Castillo” y un “Frankenstein político”, criticando abiertamente sus recientes alianzas con sectores radicales vinculados al etnocacerista Antauro Humala y al sancionado exfiscal José Domingo Pérez.
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Keiko Fujimori visualiza “hipotecado” a Roberto Sánchez
Para la candidata, el anuncio de Sánchez de esperar el flash electoral en el penal de Barbadillo expone una preocupante dependencia política. “Muestra lo hipotecado que está el señor Sánchez tanto a Pedro Castillo como a Antauro Humala. Eso es un triunvirato”, sentenció.
Por su parte, la campaña de Roberto Sánchez viene mostrando alarmantes fisuras y una clara desconexión con las demandas reales de la población. En su reciente visita al Cusco —región sumida en el caos turístico que el propio Sánchez no supo resolver cuando lideró el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo—, el candidato de izquierda fue recibido entre pifias y reclamos de ciudadanos que le exigieron no repetir las falsas promesas de exmandatarios como Alejandro Toledo y Ollanta Humala. El descontento social en la ciudad imperial se exacerbó tras denunciarse que el mitin fue un engaño para los asistentes, al no presentarse la agrupación musical Antología.
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Lejos de autocriticarse, Sánchez optó por refugiarse en una narrativa populista que encendió las alarmas de los analistas financieros. El candidato insistió en la imposición de una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución y prometió una masiva transferencia de recursos presupuestales a todos los centros poblados menores del país, medidas demagógicas que ponen en serio riesgo la estabilidad del modelo económico actual.
Aunque Sánchez intentó desviar la atención acusando a su rival de representar “la corrupción y el caos”, sus propuestas carentes de sustento técnico y su accidentado paso por el sur peruano debilitan su postura de cara al crucial cierre de campaña de este jueves 4 de junio, previo al silencio electoral.





