La política peruana vuelve a sacudirse a menos de tres semanas de la primera vuelta electoral. Lo que para muchos parecía una crisis ministerial inesperada, para Christian Hudtwalcker no es más que una movida previsible y fríamente calculada.
La salida de Denisse Miralles de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), justo antes de acudir al Congreso para solicitar el voto de confianza, revela las costuras de un sistema parlamentario volcado enteramente a la supervivencia electoral del 12 de abril.
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El costo de la confianza y el “reinicio” del reloj: la mirada Christian Hudtwalcker
Hudtwalcker sostiene que el Congreso no tenía intención de otorgar la confianza. El motivo es simple: el costo político. En un contexto de campaña, las bancadas prefieren mantenerse en la orilla de la oposición para no ser vinculadas con un Ejecutivo debilitado, al que el periodista compara directamente con la gestión de Dina Boluarte.
“No se lo voy a dar, por más que Keiko Fujimori decía: ‘Bueno, tenemos que escuchar’. ¡Nada de eso! Todo era un cálculo electorero”, sentenció el periodista.
La estrategia detrás de la renuncia de Miralles y el nombramiento de un nuevo equipo —con apenas seis cambios, incluyendo el reciclaje de figuras como Arroyo desde Defensa— es puramente técnica.
Al cambiar al jefe de gabinete, el plazo constitucional de 30 días para solicitar la confianza se reinicia. Esto permite al Ejecutivo y al Legislativo “patear el tablero” hasta después de las elecciones, evitando un enfrentamiento directo que podría generar una mayor percepción de inestabilidad.
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Un país en piloto automático
Para el analista, esta situación consolida un vacío de poder que no es nuevo, sino consecuencia de un Ejecutivo que permanece “a merced del Congreso y sus cálculos crematísticos”, señalando directamente intereses económicos de partidos como Alianza para el Progreso.
El panorama es desalentador: es altamente probable que el país llegue a la primera vuelta sin un gabinete ratificado. Mientras los actores políticos se concentran en las sumas y restas de votos, Hudtwalcker advierte que la gestión pública sigue a la deriva.
“El Ministerio de Salud sigue haciendo agua”, concluyó, subrayando que la verdadera tragedia la viven los peruanos que dependen de un sistema público colapsado mientras la clase política se pierde en su propio laberinto electoral.





