El futuro del gobierno de Dina Boluarte parece estar decidido en el Congreso. Diversas bancadas parlamentarias han manifestado con firmeza su intención de poner fin a su mandato, lo que abre un nuevo capítulo de incertidumbre política en el país.
Forzarán salida de Dina Boluarte
La presidenta Boluarte, que asumió el cargo tras el fallido golpe de Estado de Pedro Castillo, podría ser forzada a dejar Palacio de Gobierno.
La gran interrogante que surge en este escenario es quién tomará las riendas del Perú hasta las próximas elecciones programadas para julio de 2026. La Constitución establece una línea de sucesión, pero la ausencia de vicepresidentes en la actual gestión complica el panorama y apunta directamente al titular del Parlamento.
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Maniobras políticas para un nuevo presidente
El proceso de vacancia por incapacidad moral se rige por los artículos 113 y 115 de la Constitución. La norma indica que, ante la ausencia de vicepresidentes, el presidente del Congreso debe asumir el cargo de manera inmediata. Sin embargo, esta aparente solución está lejos de ser sencilla y abre la puerta a diversas maniobras políticas.
¿Carlos Anderson o Edward Málaga?
Dentro del Parlamento existen objeciones a que la actual Mesa Directiva asuma la presidencia interina de la República. Se especula que, tal como ha ocurrido en crisis anteriores, se buscaría modificar la conformación de la Mesa para colocar a una figura que genere mayor consenso o responda a intereses específicos antes de proceder con la vacancia.
En medio de este clima de desaprobación hacia el gobierno de Boluarte, surgen nombres como los de los congresistas no agrupados Carlos Anderson o Edward Málaga. Sus perfiles son vistos por algunos sectores como menos conflictivos para calmar las tensiones sociales que podrían desencadenarse, recordando las protestas de la “Generación Z” o las movilizaciones en el sur andino.
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Los fantasmas de vacancias pasadas
La historia reciente del Perú sirve como un espejo de lo que podría suceder. Dos episodios de vacancia presidencial por “incapacidad moral permanente” marcaron un precedente sobre cómo las crisis pueden reconfigurar el poder político en cuestión de días.
El primer caso se remonta al año 2000, tras la renuncia por fax de Alberto Fujimori desde Tokio, en medio del escándalo de los “vladivideos”. La presidencia del Congreso estaba en manos de Martha Hildebrandt, pero una estrategia política del Legislativo la censuró para nombrar a Valentín Paniagua, quien finalmente se convirtió en el presidente de transición.
Un escenario similar, pero con un desenlace más convulso, ocurrió hace cinco años con la destitución de Martín Vizcarra. El Congreso alcanzó los votos necesarios para la vacancia, y Manuel Merino, como presidente del Parlamento, juramentó como mandatario interino.
La decisión provocó una masiva ola de protestas ciudadanas, principalmente de jóvenes, que culminó con la muerte de dos de ellos. El caos y la presión social forzaron la renuncia de Merino a los pocos días, lo que llevó al Congreso a una negociación para elegir a Francisco Sagástegui como nuevo presidente interino.






