Roberto Sánchez, líder de Juntos por el Perú (JPP), parece haber olvidado que la identidad política no se compra en una tienda de sombreros. En su afán por forzar un debate presidencial de segunda vuelta en Chota, Cajamarca, el candidato ha chocado contra una dura realidad: los ciudadanos de la región ni lo conocen ni compran su improvisado perfil provinciano.
Un reciente sondeo en las calles de la ciudad del norte peruano dejó al descubierto la total desconexión de Sánchez con el electorado rural que afirma defender. “No lo conozco en realidad. Sé que es de Lima y vive en San Borja”, afirmó un residente, desarmando la narrativa del candidato.
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Otros ciudadanos denunciaron el abandono de su campaña en la zona, señalando que el político ni siquiera se ha tomado la molestia de visitarlos: “Por acá no hay campaña, no hay nada (…) no lo conocemos”.
Roberto Sánchez desmentido por los propios chotanos
La estrategia de Sánchez Palomino es tan evidente como cuestionable. Al exigir que el encuentro con Keiko Fujimori se realice en la sierra cajamarquina, busca calcar de forma burda la ruta que llevó a Pedro Castillo al poder. Sin embargo, el electorado no es ingenuo. Los pobladores tienen claro que Sánchez nació en Huaral y reside en un sector acomodado de la capital. “Seguramente quiere repetir lo de Castillo”, advierten en las calles con desdén.
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Ante la propuesta de Fujimori de debatir en San Borja o Huaral —lugares que realmente representan el arraigo del candidato de JPP—, Sánchez optó por el camino de la ironía y el ataque, sugiriendo de forma desafiante trasladar el encuentro a Japón. Esta actitud, lejos de sumarle simpatías, expone una preocupante falta de seriedad y argumentos programáticos.
Incluso desde el Congreso, colegas como Flavio Cruz han criticado esta obsesiva imitación “castillista”, sugiriendo que debería recorrer otras regiones en lugar de encasillarse en un simbolismo que no le pertenece.







