El exmandatario golpista Pedro Castillo volvió a ser el centro de atención mediática al emplear su intervención en audiencia de alegatos de clausura para lanzar un controvertido paralelismo histórico, comparando su destino con el del inca Atahualpa. Sus declaraciones, cargadas de victimismo y resentimiento, buscan desviar la atención de los cargos que pesan en su contra.
Castillo inició su defensa atacando a las élites, aseverando que su lucha nació de “cosas antagónicas” vividas como maestro. Subrayó el abandono de su natal Cajamarca, a la que describió como una región “inminentemente minera, que le ha puesto los manteles y le ha parado la olla a este país toda la vida”, pero que vive en la miseria y la desatención estatal.
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Pedro Castillo se compara con Atahualpa
El punto más álgido de su discurso se centró en la Conquista. “Atahualpa para su rescate, no hay otro lugar en el mundo, sino que en Cajamarca que se ha pagado el precio más caro de la libertad: dos cuartos de plata y uno de oro, y nunca tuvo libertad“. Y, en un claro intento de manipulación emocional, lanzó la advertencia: “Y conmigo no descarto esa posibilidad“, sugiriendo que, a pesar de su servicio, la justicia peruana podría estar fraguando su destino de manera injusta, una táctica habitual para quienes buscan evadir responsabilidades.
El expresidente, investigado por el fallido golpe de Estado, continuó su perorata detallando la precariedad en su comunidad. Relató haber construido su escuela con adobes y haber actuado como “partero” por la falta de médicos, una cruda realidad que, sin embargo, no exime sus acciones al intentar quebrar el orden constitucional.
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Castillo concluyó cuestionando la legitimidad de su proceso. “Me culpan de un golpe de Estado tan solo por leer una hoja, pero he encontrado la realidad”. Sin embargo, la realidad de los peruanos es que intentó cerrar el Congreso y tomar el control total del Estado, un acto que las leyes califican inequívocamente como rebelión. Su referencia a las carencias sociales parece ser un intento desesperado por justificar un acto dictatorial.








