A más de dos meses de la muerte de José Miguel Castro, testigo clave en el sonado caso de la exalcaldesa Susana Villarán, un informe preliminar policial ha abierto una caja de Pandora. La investigación sobre su deceso, lejos de cerrarse, genera más dudas que certezas entre respetados expertos forenses.
El fiscal Richard Rojas Gómez, quien está a cargo de esclarecer los hechos, ha decidido ampliar la investigación preliminar por ocho meses adicionales. Esta medida busca dar tiempo para obtener un informe final y concluyente sobre lo que realmente le sucedió al principal testigo del caso ‘Peajes de Lima’.
La muerte de Castro no solo impacta en su entorno familiar, sino que también resuena en uno de los casos de corrupción más importantes del país. Un caso que involucra las millonarias coimas de las constructoras brasileñas OAS y Odebrecht.
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Evidencias contradicen hipótesis de suicidio de José Miguel Castro
Varios elementos en la escena y en el cuerpo de José Miguel Castro no parecen encajar con la teoría de un autoatentado. Uno de los puntos más debatidos por los especialistas es un corte de 27 centímetros, calificado por el perito Humpire como “atípico”. Según el experto, sería la primera vez que se observa una herida de tales dimensiones en un caso similar.
“Improbable, porque el, según el diagnóstico que especifica el protocolo de necropsia, dice que el corte es de izquierda a derecha y es un corte lineal y profundo, con aproximadamente cuatro centímetros de profundidad; o sea, es bastante. Te puedes creer que o sea, que ha dañado el músculo esternocleidomastoideo, digamos, en la yugular. ¿Te imaginas el patrón? Solamente con hacerte tú ya estarías perdiendo, hay una pérdida de conciencia por el sangrado. Pero, imagínate hacerte hasta acá. Entonces ya es muy complicado, o sea, ya no entra en, digamos, dentro de la investigación de las ciencias forenses por el mecanismo de acción, ya desvaría todo esto”, indicó Danny Humpire.
A esto se suma que los exámenes toxicológicos arrojaron resultados negativos. No se encontraron toxinas ni rastros de fármacos en el organismo de Castro, lo que descarta un envenenamiento o una sobredosis que pudiera facilitar el acto.
“Sería el primer caso que una persona que no estaría, ¿no? O sea, seríamos burla de muchos forenses en todo el mundo, porque no hay eso, o sea, no hay una explicación para un suicidio. No podría dar una persona así tan profundo, cortarse hasta acá así, a soportar todo eso, ¿no? Y la forma de caer del del cuchillo también, ¿no? O sea, ¿cómo es que aparece la toalla ahí? O sea, ¿quién puso la toalla? Eh, ¿y qué hacía el otro cuchillo ahí? O sea, hay mucho que, que no, hay muchas, muchos, muchos elementos que no encajan en una escena”, agregó el especialista.
La herida fue descrita como lineal y de una profundidad tal que los forenses no logran explicar de dónde pudo haber sacado la fuerza necesaria para realizarla. Para los expertos, estos hallazgos fortalecen la posibilidad de la intervención de terceros, inclinando la balanza hacia un presunto crimen.
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El celular: pieza clave de la investigación
En el centro de las pesquisas se encuentra un objeto que podría contener las respuestas: el celular iPhone de José Miguel Castro, también conocido por el alias de “Budian”.
La Fiscalía considera que el dispositivo es fundamental para conocer sus comunicaciones durante los días previos a su muerte. Sin embargo, dos meses después del suceso, la Policía no ha logrado acceder a la información que guarda el teléfono. El principal obstáculo ha sido la falta de una orden judicial que permita a los peritos informáticos desbloquearlo y analizar su contenido.
Hace un mes, la esposa de Castro, Paula Maguiña Ugarte, fue citada por el fiscal Richard Rojas para intentar desbloquear el celular, pero el intento no tuvo éxito tras ingresar dos claves erradas. Este contratiempo ha obligado al Ministerio Público a solicitar formalmente a los peritos que revelen el registro de las últimas llamadas y mensajes que recibió y envió la víctima. Un detalle relevante es que, al momento del hallazgo, el cuerpo de Castro sostenía su celular, el cual cayó a sus pies.
Hay más extrañas muertes
Este patrón de muertes en circunstancias extrañas no es ajeno a la trama de corrupción transnacional de Odebrecht. En Colombia, Jorge Enrique Pizano, supervisor del proyecto Ruta del Sol II, apareció muerto por un supuesto envenenamiento con cianuro días antes de testificar como colaborador.
Años antes, en Brasil, el juez Teori Zavascki, una figura implacable en la investigación del caso “Lava Jato”, también falleció en condiciones sospechosas. Zavaski fue el primero en poner contra las cuerdas a expresidentes y a los principales directivos del llamado “club de la construcción brasileño”.





