La cédula electoral para las elecciones 2026 no será un simple instrumento de votación. Con la inscripción de treinta y siete planchas presidenciales en disputa, el formato tradicional de la papeleta resulta insuficiente.
Este panorama ha encendido las alarmas sobre la salud del sistema político peruano, llevando el tema de la justicia electoral nuevamente al centro del debate nacional, a solo cuatro meses de la primera vuelta.
Reforma electoral impulsada en 2019
El origen de esta explosiva situación se remonta a la reforma electoral impulsada en 2019. La Comisión de Alto Nivel, presidida por Fernando Tuesta Soldevilla, propuso un rediseño integral del sistema político. La premisa de este proyecto era abrir la puerta a una mayor cantidad de partidos políticos.
Para lograrlo, se redujeron los requisitos de inscripción, solicitando menos firmas, menos afiliados y menos estructura a las organizaciones. Sin embargo, esta flexibilización no venía sola; estaba supeditada a un filtro duro y crucial al final del proceso: las elecciones PASO.
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Las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) debían ser el candado de seguridad. Su función principal era depurar la oferta política, asegurando que solo las organizaciones con un apoyo real lograran sobrevivir y pasar a la elección general.
La desnaturalización del modelo
El problema central que condujo a la actual crisis de representación es que este candado nunca llegó a cerrarse. Las elecciones primarias que debían filtrar y reducir el número de aspirantes jamás se implementaron.
Lo que quedaba del modelo propuesto se terminó de desnaturalizar a inicios de este año por el Congreso. En lugar de primarias abiertas y competitivas, el legislativo aprobó un sistema que permite la elección de candidatos mediante delegados.
Aún más significativo y controvertido fue la autorización que permite a un partido presentar una única plancha presidencial sin ninguna competencia interna. El resultado práctico es una primaria sin elección, sin disputa real y, consecuentemente, sin filtro.
La reforma original había flexibilizado la inscripción de partidos bajo la garantía de que las primarias realizarían la depuración necesaria. Al eliminar esa depuración, el Congreso generó la combinación de factores más crítica: requisitos bajos para inscribirse, sumados a unas primarias sin competencia efectiva.
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Elecciones 2026 serán las más fragmentadas
Actualmente, el país se enfrenta a una de las elecciones más fragmentadas de los últimos años. La gigantesca cédula electoral 2026, con sus 37 candidatos, tiene consecuencias directas y tangibles.
Para la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales), una papeleta de este tamaño implica un incremento sustancial en costos, más tiempo de gestión, mayor logística en el proceso y un riesgo elevado de error operativo.
Para los votantes, la situación se traduce en un aumento de la confusión y una fragmentación del voto. La dificultad de identificar propuestas reales entre un “océano de nombres desconocidos” se convierte en un desafío para la calidad del voto. Este panorama dificulta la orientación del electorado, lo que puede debilitar la capacidad de la ciudadanía para elegir de manera informada.





