En el penal de Lurigancho, un oscuro entramado de corrupción y extorsión ha permitido que drogas como marihuana y cocaína ingresen sin dificultad.
Según denuncias de internos y familiares, sujetos lanzan bolsas con sustancias ilícitas desde el exterior, mientras otros se infiltran disfrazados, utilizando métodos extremos para evadir la vigilancia.
Los hermanos David y Piero Curotto, conocidos como los "amos del penal", controlan la venta de drogas y extorsionan otros reclusos, obligándolos comprar sustancias bajo amenazas de violencia.
Un testimonio devela que los internos deben pagar semanalmente por su "seguridad" y, usualmente, son golpeados si no pueden cumplir con las exigencias económicas.
El presidente del INPE, Javier Llaque, declaró que la información le llegó por medio del dominical 'ContraCorriente'. Mientras tanto, el caos y el miedo reinan en el centro penitenciario, donde la vida de los internos y sus familias se convierte en un verdadero calvario.
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