ContraCorriente accedió, en exclusiva, a los vagones de Caltrain para constatar, de primera mano, si los trenes adquiridos por la administración de Rafael López Aliaga son realmente una solución o un problema.
Los trenes fueron cedidos por el sistema Caltrain, que opera en el área de la bahía de San Francisco, en Estados Unidos. Aunque se habló inicialmente de una “donación”, los costos asumidos por la Municipalidad, como el traslado y la logística, han costado más de 24 millones de dólares. Una “donación” que, de gratuita, tiene poco.
El sábado 12 de julio, el buque BBC Genoa atracó en el puerto del Callao con el primer embarque: 43 coches de pasajeros y 11 locomotoras. Todos salieron del puerto de Stockton, California. En agosto llegará el segundo envío: 47 coches más, otras 8 locomotoras y 4 contenedores con repuestos.
En total, se espera la llegada de 90 coches y 19 locomotoras, además de partes clave para su eventual reparación.
Los vagones tienen un diseño atractivo: dos niveles, baños, aire acondicionado, espacio para equipaje y hasta 90 asientos acolchonados por coche. A simple vista, parecen cómodos. Pero la verdadera pregunta no es lo que tienen, sino en qué condiciones han llegado y si realmente pueden ser usados inmediatamente en Lima.

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PRESENCIA DE ÓXIDO EN LOS VAGONES
El programa de Augusto Thorndike registró un cuadro matizado: vagones con estructuras firmes y ambientes cómodos, pero también presencia de óxido, acumulación de telarañas y partes corroídas por el tiempo.
Hay un dato clave: estos trenes tienen más de 40 años de antigüedad. Y lo que funcionaba en California, no necesariamente funcionará en el Valle del Rímac.
Otra complicación técnica: los trenes usan motores diésel, una tecnología más contaminante y costosa de mantener. Para funcionar adecuadamente, requieren mantenimiento especializado, repuestos importados y personal capacitado. Hoy, ninguna entidad ha explicado con claridad quién asumirá ese costo ni dónde se realizará el reacondicionamiento.

NO HAY ACUERDO FORMAL
Y como si el reto técnico fuera poco, hay otro obstáculo: legal. El tramo Lima–Chosica está concesionado desde hace décadas a Ferrovías Central Andina S.A., la operadora privada del Ferrocarril Central del Perú.
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La exclusividad de ese contrato impide que otros operadores –como la Municipalidad– usen las vías sin autorización previa. Hasta ahora, no hay acuerdo formal entre Ferrovías y la gestión de López Aliaga. Un probable conflicto en camino.
NO EXISTEN ESTACIONES, PARADEROS Y SEÑALIZACIÓN
Además, no existen estaciones listas para recibir los trenes, no hay paraderos, señalización, obras civiles, ni sistema de recaudo. El sueño ferroviario se sostiene –por ahora– en vagones detenidos y promesas por cumplir. La implementación no solo es incompleta, sino que ni siquiera tiene cronograma público.










