Lima no está listo para afrontar el Fenómeno de El Niño. Nueve años después del desastre climático que destruyó viviendas, bloqueó carreteras y desabasteció de agua a millones de ciudadanos, amenaza nuevamente con encender las alarmas en el país.
El calentamiento del mar y el pronóstico de lluvias intensas en la sierra central incrementan la vulnerabilidad de la población. Sin embargo, un recorrido por la denominada ‘ruta del barro’ evidencia que las acciones de mitigación registran retrasos alarmantes.
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Las precipitaciones fluviales en las zonas altas son suficientes para activar quebradas y disparar de forma inmediata el caudal del río Rímac.
Aunque los especialistas advierten que el periodo crítico podría registrarse entre enero y marzo de 2027, el aumento de la temperatura marina mantiene en alerta a las autoridades meteorológicas.
No hay infraestructura
En localidades vulnerables como Santa Eulalia y Ricardo Palma, la respuesta estatal posterior al Niño Costero incluyó la creación de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios y, posteriormente, de la ANIN (Autoridad Nacional de Infraestructura).
A pesar de estas reformas institucionales, la ejecución de obras definitivas muestra deficiencias estructurales. En los puntos donde habitualmente desembocan los huaicos, se han edificado diques de concreto cuya construcción es calificada de artesanal.
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La palabra del alcalde
Luis Ñahuis, alcalde Santa Eulalia, mostró su preocupación por la falta de infraestructura de su localidad para enfrentar al Fenómeno de El Niño. Puentes en mal estado y casas por colapsar son las mayores preocupaciones, en este distrito que sería víctima de la voracidad de la naturaleza.
“Ya estando julio, se nos viene el Niño en unos meses. No hay obra que se pueda realizar no menos de seis u ocho meses. Ya estamos en pleno fenómeno, ya es tarde”, dijo Ñahuis a ‘ContraCorriente’.
Además, agregó: “Este puente ya no tiene mayor soporte. A pesar que lo hemos clausurado por un buen tiempo, la gente sigue pasando. Sé que es una responsabilidad del alcalde. Este puente cae, va a haber muertos y me voy preso, pero también se iría conmigo algún ministro, pero la pita siempre se rompe por el lado más débil”.
Material en abandono
A esta situación se suma la falta de operatividad de los recursos de emergencia disponibles. En los almacenes oficiales permanecen guardadas geomallas que fueron adquiridas hace aproximadamente cuatro años con el objetivo de proteger las laderas y reducir el impacto de los deslizamientos.
Estos elementos de protección nunca fueron instalados. Asimismo, la maquinaria pesada destinada a los trabajos de descolmatación de ríos se encuentra paralizada debido a la falta de abastecimiento de combustible.
La fragilidad vial es otro factor de peligro inminente en los distritos de la Carretera Central. En la jurisdicción de Chaclacayo, diversos puentes peatonales y vehiculares presentan estructuras deterioradas que peligran ante una eventual crecida del caudal.
El riesgo de colapso de puentes mantiene en incertidumbre a los residentes locales, quienes dependen de estas vías de conexión diaria sobre el río Rímac. La activación de los cauces naturales representa una amenaza directa para estas conexiones estratégicas.










