En ‘Consejo Económico‘, la docente de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), Sussy de los Ríos, detalló la marca empleadora se define como el ADN de una empresa, aquello que la caracteriza y se construye a través de las acciones, dinámicas y herramientas que implementa.
“Con cliente interno nos referimos a los empleados. Si a un trabajador no se le dan todas las herramientas adecuadas, a raíz de sus acciones hará un mal trabajo con el cliente externo”, señala la especialista.
Un empleado que se siente desmotivado o insatisfecho, por ejemplo, no ofrecerá un buen servicio, afectando la percepción de la marca.
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La cultura organizacional enfocada en el trabajador
Para fortalecer la marca empleadora es fundamental que la cultura de la empresa ponga como foco principal a sus trabajadores.
Esto implica desarrollar estrategias para motivarlos, conocer su sentir e identificar sus puntos de dolor, que son aquellas situaciones que generan incomodidad o malestar en su entorno laboral. Un ejemplo es la falta de capacitación constante.
Anteriormente, no se consideraba el aspecto humano del personal, pero hoy se promueve una cultura humana.
“Detrás de un trabajador hay una persona. Como líder, debería preocuparme por cómo se siente”, afirma De los Ríos.
Un colaborador que no recibe apoyo en sus necesidades personales puede perder la motivación, lo que se refleja negativamente en su desempeño y en los resultados de la compañía.
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Identificación de los puntos de dolor
El concepto de “puntos de dolor” se refiere a los quiebres o a las situaciones que molestan a un trabajador y con las cuales no se siente cómodo dentro de la organización.
Atender estas necesidades es clave, ya que la falta de motivación impacta directamente en la eficiencia y en el logro de los objetivos empresariales. Un trabajador satisfecho, en cambio, mejora su aporte y contribuye al éxito del proyecto.










