Esta la crónica de una tragedia anunciada. La furia llanera desató el caos en la frontera sur al atacar a los pobladores peruanos en su intento por salir de Chile.
Una violencia desmedida que ya cobró heridos, por más muralla policial y militar que se instaló. El enfrentamiento dejó un migrante inconsciente y un fotógrafo peruano con la nariz rota.
Son un grupo de indocumentados desesperados y hambrientos, intentando invadir el Perú con violencia. Es una carrera peligrosa en una frontera que más parece una coladera de 170 kilómetros.
Ya sea de día o de noche, esa es la estrategia policial peruana para poner freno a la avalancha de migrantes que llegan del país mapocho. Con radios comunican de cualquier movimiento.
Pese a todo el esfuerzo, el mismo coronel Ramos nos cuenta cómo es que la ruta de los migrantes comienza por chile. Son ciudadanos venezolanos, desafiantes, si temor a morir capaces de bañar de sangre el Perú.
Los ministros del Interior y de Defensa llegaron con 196 hombres, una muralla militar que apoya en la custodia de la frontera, pero ni eso detiene sus ansias de ingresar a nuestro suelo patrio, a como dé lugar.
Esa misma tarde, cuando caía el sol, se desplegaron en 12 km sin poder detener la sangrienta batalla que se desató entre peruanos que decidieron hacerle frente a la violencia que ocasionaron los extranjeros.





