Las anunciadas movilizaciones hacia la capital, denominadas por los organizadores como la ‘Toma de Lima‘, registran una baja participación en comparación con protestas de años anteriores.
La convocatoria, impulsada desde diversas regiones del sur del país para apoyar al candidato Roberto Sánchez en rechazo a los resultados preliminares de la segunda vuelta electoral, muestra un panorama de desmovilización entre sus principales sectores aliados.
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El núcleo de las manifestaciones remanentes se concentra de manera pacífica frente a la sede del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), donde militantes y simpatizantes de Juntos por el Perú exigen la revisión de los votos.
A pesar de los llamados recurrentes en plataformas digitales, los contingentes esperados de otras regiones no han arribado a la capital, manteniendo las arterias viales en un estado de tránsito habitual.
Ante el anuncio de las marchas, la Policía Nacional del Perú y la Municipalidad Metropolitana de LIMA desplegaron un plan de contingencia preventivo en puntos estratégicos.
Las autoridades locales declararon zonas rígidas e intangibles dentro del Centro Histórico, restringiendo las aglomeraciones públicas en espacios emblemáticos como la plaza San Martín y el Paseo de los Héroes Navales.
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¿Cuáles son las causas del fracaso de la amrcha?
Especialistas en seguridad y análisis político señalan que la principal limitante de las actuales movilizaciones radica en la falta de recursos económicos para sostener la logística de los manifestantes en Lima.
A diferencia de las protestas masivas registradas a fines del año 2022, los grupos convocantes actuales carecen del financiamiento necesario para el traslado, alimentación y permanencia de grandes delegaciones.
A este factor financiero se suma el desapego explícito de figuras políticas radicalizadas que inicialmente respaldaban las demandas de este sector.
El descontento de una facción de los ciudadanos frente a los virtuales resultados electorales se mantiene activo; sin embargo, las proyecciones técnicas sugieren que las marchas no tendrán el impacto de jornadas previas debido al desgaste político y la falta de cohesión interna.





