Tras el cierre oficial de la primera vuelta, el panorama político en el Perú ha ingresado a una fase crítica de negociaciones y acuerdos. Keiko Fujimori y Roberto Sánchez son los protagonistas confirmados para la definición presidencial.
Esta etapa se caracteriza por la cacería de votos y la pugna por atraer a los electores que quedaron huérfanos de candidato. En el sistema electoral peruano, la segunda vuelta se disputa más allá de los dos nombres en la cédula.
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Para Roberto Sánchez, las señales de coalición han sido constantes desde el inicio del proceso. El candidato cuenta con el respaldo de sectores vinculados a Antauro Humala, José Domingo Pérez y Pedro Castillo.
Dentro de sus filas se mencionan nombres como Alfonso López Chau, quien ha manifestado interés en carteras ministeriales, además de Ronald Atencio y Marisol Pérez Tello. A este grupo se suma la figura de Vladimir Cerrón.
A pesar de tener perfiles ideológicos distintos, estos aliados comparten un eje central: el antifujimorismo. Este sentimiento político es el aglutinador que permite la unión de diversas agrupaciones en torno a Sánchez.
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La estrategia de Keiko Fujimori
En el otro extremo, Keiko Fujimori evalúa con cautela el comportamiento de las fuerzas de derecha. Su estrategia no busca únicamente afinidad absoluta, sino establecer un orden basado en convicciones compartidas.
Candidatos como Roberto Chiabra, José Williams, Carlos Espá y George Forsyth no han emitido un pronunciamiento abierto. No obstante, sus campañas previas los alejaron explícitamente de las propuestas de la izquierda radical.
Por su parte, César Acuña mantiene una posición reservada sin aclarar su respaldo oficial. Mientras tanto, Rafael López Aliaga continúa con sus denuncias de fraude, aunque se prevé un acercamiento al bloque conservador.
Una dura realidad
A pesar de la actividad de los candidatos, las cifras oficiales revelan un ganador silencioso en la primera vuelta. El voto en blanco o nulo superó los 3 millones de sufragios, representando un desafío para ambos bandos.
Este fenómeno refleja un electorado cansado y dividido que se presenta como un factor altamente impredecible para los resultados finales. La dinámica de la campaña se centra ahora en el miedo contra el miedo.
Los analistas consideran que ambos postulantes llegan en condiciones de paridad a este tramo final. La segunda vuelta recién comienza y ha puesto a todo el tablero político peruano nuevamente en competencia.






