El drama y la criminalidad se cruzaron en un reciente operativo policial que dejó al descubierto la frialdad de las redes de extorsión y el dolor de los seres queridos. Una madre de familia intentó impedir, entre lágrimas y gritos, que agentes de la Policía Nacional del Perú (PNP) detuvieran a su hijo, quien es investigado por presuntas extorsiones a transportistas en Lima y el norte chico.
A pesar de las evidencias presentadas por las autoridades, la mujer se mostró visiblemente consternada durante la intervención. En un intento desesperado por justificar la conducta de su descendiente, exclamó ante las cámaras y los efectivos: “Mi hijo estudia, trabaja, como es posible Dios lindo. Trabajamos, nos sacamos la mugre día y noche”.
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Nexos con ‘Los Despiadados II’ tras defensa de la madre
Sin embargo, las investigaciones de la División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad (Diviac) pintan un panorama muy distinto al relato materno. El joven detenido registraba más de S/18.000 en su cuenta bancaria, un monto que, según la tesis fiscal, tiene un origen ilícito. Para la PNP, el investigado cumplía un rol clave dentro de la organización criminal ‘Los Despiadados II’: prestar su identidad y cuentas para recibir el dinero proveniente de las extorsiones.
Se presume que el joven fue captado por Eduardo Paucar Fonseca, señalado como el brazo financiero de la banda, quien también fue capturado en su vivienda durante la madrugada del 18 de abril.
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Un golpe a la extorsión en las rutas del norte chico
La captura de este joven no fue un hecho aislado. Se trató de un operativo conjunto con la Fiscalía Especializada contra la Criminalidad Organizada, que logró la detención de 15 presuntos integrantes de la red. Esta organización operaba desde mediados de 2023, sembrando el terror entre los conductores de colectivos y buses interprovinciales que cubren las rutas hacia Chancay, Huaral, Huacho y Barranca.
El esquema de recaudación era sistemático: cobraban cupos diarios de S/10 y S/20 a los transportistas. Bajo amenazas constantes, la banda lograba recolectar entre S/1.700 y S/2.000 por jornada, lo que les permitía amasar una fortuna ilícita de aproximadamente S/1’800.000 al año. Mientras las investigaciones continúan, el contraste entre el llanto de una madre y las cifras delictivas pone en debate la captación de jóvenes por parte de mafias organizadas.










