La seguridad ciudadana en el Perú enfrenta una nueva amenaza transnacional por la expansión de organizaciones criminales ecuatorianas. Bandas como ‘Los Choneros‘, ‘Los Tiguerones’ y ‘Los Lobos’ han extendido sus operaciones en territorio peruano.
Estas estructuras, vinculadas originalmente al narcotráfico, extorsión y sicariato en Ecuador, ahora operan en las calles limeñas. Su presencia se concentra principalmente en actividades ilícitas relacionadas con la explotación sexual de mujeres.
Mafias ganan territorio en Perú
De acuerdo con ContraCorriente, las investigaciones de la Policía Nacional del Perú advierten que estas mafias ganan territorio de manera progresiva. El radio de acción de estas bandas ya no reconoce fronteras, trasladando su violencia característica a la capital peruana.
Los antecedentes de estas agrupaciones incluyen ataques armados y asesinatos selectivos de alto perfil en su país de origen. Entre estos eventos destaca la toma violenta de un canal de televisión y el asesinato del candidato Fernando Villavicencio.
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La llegada de estos grupos a Lima genera alarma en las autoridades debido al alto poder de fuego que ostentan. La prostitución callejera se ha convertido en el escenario principal donde estas mafias visibilizan su control territorial.
Explotación sexual en Lima Norte y el jirón Zepita
En zonas específicas como Lima Norte y el Jirón Zepita, la presencia de mujeres extranjeras bajo control de mafias es constante. La mayoría de las víctimas de estas redes de explotación son de nacionalidad ecuatoriana.
Las mafias operan mediante el traslado de mujeres y la segmentación de la oferta comercial, según la nacionalidad. Este sistema criminal establece reglas estrictas para quienes forman parte de la red de explotación sexual.
Cualquier intento de salir de esta estructura delictiva conlleva consecuencias letales ejecutadas con extrema crueldad. El objetivo de esta violencia es enviar un mensaje de control a las otras mujeres esclavizadas.
Caso de mujer ecuatoriana hallada en colchón
Un caso emblemático de este accionar es el feminicidio de Jennifer Lisbeth Mendoza Segura, madre de cuatro hijos. Ella llegó al Perú bajo una falsa oferta de trabajo, siendo interceptada por la organización criminal.
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Jennifer fue hallada sin vida dentro de un colchón en el distrito de San Martín de Porres. Las investigaciones determinaron que fue silenciada por no alinearse al negocio de la prostitución impuesto por la mafia.
El autor confeso del crimen, Alexander Figueroa, de 24 años, fue capturado en Ecuador tras huir por la frontera. La captura se logró mediante un operativo coordinado entre la policía peruana y las autoridades ecuatorianas.
Pese a la detención de sicarios clave, las redes de crimen organizado continúan operando en las esquinas de Lima. El sistema criminal persiste en la explotación de mujeres bajo una percepción de impunidad en las calles.










