En el Albergue María Rosario Araoz de la Municipalidad de Lima, la vida transcurre a un ritmo propio, marcado por la experiencia y la resiliencia. Este espacio alberga a 110 adultos mayores que han encontrado un refugio tras enfrentar situaciones de vulnerabilidad o soledad extrema.
Cada residente aporta una perspectiva única sobre cómo enfrentar el tiempo, transformando lo que muchos llaman el “invierno de la vida” en una etapa de nuevos aprendizajes.
Los talentos personales se convierten en el motor diario de los albergados. José, por ejemplo, utiliza la armónica y el canto para entretener a sus compañeros durante el almuerzo. Por su parte, Marcelina, de 101 años, dedica sus días al cuidado de su perrita Mochita, a quien considera su hija y fiel compañera desde que llegó de Apurímac.
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La salud emocional y física es una prioridad dentro de la institución, donde médicos, enfermeros y voluntarios acompañan a pacientes con enfermedades crónicas.
La historia de Maximus destaca en este entorno; a sus 88 años, corre diariamente para mantener su bienestar. Tras vivir en las calles de San Juan de Lurigancho, hoy se entrena con disciplina, siguiendo el consejo de futuro que le dio su madre.
Desde albergue: deseos y milagros para esta Navidad
Para los residentes, la Navidad representa una oportunidad para el reconocimiento de los detalles cotidianos y la compañía. Rocío Crovetto, de 79 años y exsecretaria de Salazar Bondy, enfatiza que la clave es mantener la alegría y no ver la vida como una tragedia, a pesar de las dificultades físicas o pérdidas familiares.
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La celebración de estas fiestas incluye la manifestación de deseos sencillos que buscan mejorar la calidad de vida de los abuelitos. Entre los pedidos destacan objetos prácticos y personales que reflejan sus identidades y necesidades actuales.
- Maximus solicita unas zapatillas talla 38 para continuar sus rutinas de carrera matutina.
- Marcelina espera recibir un vestido nuevo para sus paseos.
- Otros residentes han expresado la necesidad de lentes o detalles como aretes y sortijas.
Estas peticiones forman parte de la dinámica del albergue municipal, donde se busca que la época dorada de los residentes esté llena de dignidad y afecto. La voluntad y la disposición para vivir el presente definen el bienestar de este grupo que, entre talleres y atenciones médicas, espera celebrar una Navidad con esperanza.










