Alberto Fujimori: a un año de su muerte, la discusión sobre el fujimorismo sigue activa

Se cumple un año del fallecimiento del expresidente y su herencia política, marcada por la dualidad, sigue definiendo la agenda nacional.

septiembre 11, 2025 –
22:16.
Actualizado en septiembre 11, 2025 –
22:43.
Alberto Fujimori
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Ha transcurrido exactamente un año desde el fallecimiento de Alberto Fujimori, una de las figuras más influyentes y controvertidas de la historia reciente del Perú.

Su muerte no solo cerró un capítulo en la vida del expresidente, sino que también reabrió un interrogante fundamental en la política peruana: ¿terminó con él el fujimorismo o se inicia una nueva etapa de su legado?

La irrupción de Alberto Fujimori en la escena nacional ocurrió en 1990, en un contexto de crisis profunda.

El país enfrentaba una inflación superior al 7,500% y el avance del terrorismo amenazaba la estabilidad del Estado. En ese escenario, este profesor universitario de ascendencia japonesa derrotó en las elecciones a Mario Vargas Llosa con el lema “Honradez, tecnología y trabajo”.

Al asumir el gobierno, recibió un país en una situación crítica. Su administración aplicó un severo “shock” económico que logró estabilizar las finanzas nacionales.

Paralelamente, se enfocó en la construcción de obras públicas en sectores históricamente desatendidos y desplegó una estrategia de inteligencia y militar que fue clave para debilitar a Sendero Luminoso, culminando con la captura de su líder, Abimael Guzmán. Estas acciones permitieron que el Estado recuperara el control territorial y devolviera una sensación de orden.

Para millones de peruanos, Alberto Fujimori fue el presidente que los rescató del caos y representó la estabilidad en una época de colapso institucional. Sin embargo, la consolidación de su poder estuvo acompañada de serios cuestionamientos.

Un legado de autoritarismo y divisiones

El 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori ejecutó el denominado “autogolpe“, disolviendo el Congreso y tomando control del Poder Judicial, lo que representó un quiebre de la democracia en nombre del orden.

En los años siguientes, su régimen se caracterizó por prácticas que centralizaron el poder, como el control de medios de comunicación a través de pagos encubiertos y la manipulación de instituciones electorales.

La figura de su asesor, Vladimiro Montesinos, se volvió central en una red de corrupción masiva. A esto se sumaron las graves violaciones a los derechos humanos, como los casos de Barrios Altos y La Cantuta, por los cuales Alberto Fujimori fue posteriormente sentenciado por la justicia.

Su gobierno terminó abruptamente en el año 2000, tras la difusión de los “vladivideos”, que expusieron la corrupción del régimen. Su posterior fuga a Japón y su renuncia vía fax simbolizaron el fin de su mandato.

Tras ser extraditado, sus últimos años estuvieron marcados por procesos judiciales, su encarcelamiento y un estado de salud delicado. La percepción sobre su figura se mantuvo dividida: para algunos, era un anciano enfermo que merecía compasión; para otros, representaba los excesos del poder.

Futuro del fujimorismo

A un año de su muerte, la discusión sobre el fujimorismo sigue activa. Su hija y heredera política, Keiko Fujimori, continúa siendo una protagonista central en cada proceso electoral. El apellido Fujimori aún conserva una base de apoyo importante en regiones que valoran la derrota del terrorismo y la obra pública de su gobierno.

No obstante, genera un fuerte rechazo en otros sectores que asocian su legado con el autoritarismo y la corrupción. La figura de Alberto Fujimori refleja las contradicciones de la historia peruana reciente, siendo clave para entender el final del siglo XX y los dilemas actuales. La próxima prueba para la vigencia de su movimiento político serán las elecciones de 2026.

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