Un terremoto interno sacudió al Partido Aprista Peruano (Apra), donde más de 11,000 militantes fueron retirados súbitamente del padrón oficial, entre ellos figuras conocidas como Javier Velásquez-Quesquén y Pilar Nores.
El origen está en una disputa burocrática. El personero legal repuesto por el Poder Judicial decidió anular todas las inscripciones hechas por su antecesor, lo que derivó en esta desafiliación masiva.
Para Velásquez Quesquén, la medida es “arbitraria” e “ilegal”, fruto de la intromisión burocrática del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).
Ha anunciado un recurso de apelación y asegura que defenderá no solo su derecho, sino el de miles de apristas que hoy sienten que su militancia fue borrada de un plumazo. Tras la muerte de Alan García, los herederos de su legado caminan dispersos.

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LOS PRECANDIDATOS DE LA ESTRELLA
El calendario del Apra volverá, el 30 de noviembre, a iluminar un proceso electoral interno, de cara a las elecciones generales 2026.
Cuatro, quizá cinco precandidatos, han levantado la mano, abriendo una pugna que revive viejos fantasmas: Jorge del Castillo, Javier Velásquez Quesquén, Enrique Valderrama, Alan Rivero y Hernán Garrido-Lecca.
Se trata de nombres que, cada uno a su manera, representan un fragmento del mosaico aprista.

Nuestros rostros del Apra
Del Castillo encarna la tradición, la resistencia de un partido que busca no perder sus raíces. Velásquez Quesquén propone una opción moderada, pragmática, cercana a la negociación política.
Valderrama, más joven, quiere presentarse como el rostro de la renovación. Y en los márgenes aparecen Rivera, que se dice “la verdadera renovación del partido”, y Garrido-Lecca, todavía sin una definición clara de su perfil, pero decididos a no quedar fuera del tablero.
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¿APRA VOLVERÁ A LA POLÍTICA?
Más allá de la competencia interna, la gran incógnita es si el Apra sigue siendo un actor relevante en la política peruana. Tras el suicidio de Alan García en 2019, el partido entró en un largo letargo.
La disputa del 30 de noviembre no será solo por una candidatura, será también por decidir si el aprismo todavía tiene un lugar en el Perú del siglo XXI o si debe resignarse a ser una nota al pie en los libros de historia.





