Antauro Humala ha vuelto a demostrar que su supuesta “cura de silencio” no es más que una fachada estratégica. Incapaz de contener su naturaleza confrontacional, el líder etnocacerista ha roto su aislamiento autoimpuesto para lanzar dardos envenenados contra sus opositores políticos y, sorpresivamente, contra su propio entorno familiar.
En un burdo intento por blindar la candidatura de Roberto Sánchez, Humala no dudó en arremeter contra la memoria política de su hermano, el expresidente Ollanta Humala.
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“Quiero decirte que Roberto no es Ollanta, ¿no? Y Roberto no tiene una Nadine al costado, y Antauro no está preso, Antauro está libre. Para mí eso es suficiente”, declaró, destilando un resentimiento que el tiempo no ha logrado mitigar. Con estas palabras, el exconvicto intenta desmarcar a su actual aliado de la “hoja de ruta” que moderó el gobierno de su hermano en 2011, asegurando que esta vez la izquierda radical no cederá ante las presiones democráticas.
Antauro Humala compara cuestionamientos en su contra con batallas históricas de Avelino Cáceres
Sin embargo, el peligro real de su discurso no radica en las rencillas familiares, sino en sus persistentes amenazas a la estabilidad económica del país. Utilizando plataformas digitales como YouTube para evadir los cuestionamientos de la prensa independiente, Humala ha vuelto a poner en la mira las concesiones internacionales, apuntando peligrosamente contra el megapuerto de Chancay.
Con una irresponsabilidad alarmante, el etnocacerista azuzó a la población a bloquear las operaciones de este eje comercial estratégico. “Si la población de Chancay, politizada, bloquea la salida del puerto, no pasa nada”, afirmó de manera temeraria.
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Fiel a su libreto de victimización, Humala comparó los cuestionamientos que recibe con las batallas históricas de Andrés Avelino Cáceres, acusando a la oposición de “espantarse” ante sus opiniones patrióticas. No obstante, detrás de su narrativa nacionalista se esconde el mismo discurso extremista de siempre.
Aunque intenten maquillar su figura o apartarlo de los mítines principales para no espantar al electorado moderado, Humala siempre encuentra un micrófono para recordar la verdadera agenda de la izquierda: el caos social y la destrucción de la inversión privada.










