La proliferación de contenidos generados mediante inteligencia artificial ha transformado el ecosistema digital de la región.
Aunque muchas de estas imágenes parecen reales, son creaciones deliberadas para influir en la opinión pública.
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Estas herramientas tecnológicas se utilizan para manipular la percepción ciudadana sobre temas de coyuntura nacional. El impacto es mayor cuando se trata de contextos de elecciones generales o procesos de votación local.
En Argentina, el expresidente Mauricio Macri fue víctima de un video hiperrealista durante las elecciones de la ciudad de Buenos Aires. En dicho material, el político aparentemente daba la espalda a la candidata de su propio partido.
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El uso de deepfakes en periodos electorales presenta un reto crítico por la velocidad de su difusión. El mensaje manipulado suele aparecer en momentos muy cercanos al día de la votación.
Esto impide que los equipos de comunicación o los organismos oficiales tengan tiempo suficiente para reaccionar. El mensaje aclarador rara vez logra alcanzar al mismo volumen de público que consumió la desinformación original.
¿Se podría dar en el Perú?
Aunque los casos más sonados ocurren en países como Argentina o México, la situación no es ajena a la realidad de Perú. El acceso a internet permite que estas herramientas se democraticen de forma global y rápida y podría tener impacto en las Elecciones Generales 2026.
Los especialistas en derecho informático aseguran que el uso de estas técnicas en las próximas elecciones presidenciales es inevitable. El beneficio directo de estas declaraciones falsas recae en los adversarios o en el propio beneficiario de la mentira.
Ante el avance de la desinformación, la legislación peruana cuenta con mecanismos para sancionar estas conductas. La Ley 30096, conocida como la Ley de Delitos Informáticos, es el principal instrumento jurídico vigente.





