El último fin de semana, las calles del centro de Lima fueron escenario de nuevas protestas. Las movilizaciones, atribuidas a un colectivo autodenominado ‘Generación Z‘, culminaron en actos de violencia, detenciones y destrucción, dejando un saldo de 55 heridos.
Los manifestantes, que según los reportes reclamaban por la situación política y la criminalidad, se congregaron en diversos puntos de la ciudad.
Las expresiones de descontento son consideradas válidas en el ejercicio democrático, pero se ha señalado una distinción con los ataques directos contra la policía y los bienes públicos.
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Escalada de violencia en el corazón de la capital
La cuarta marcha de este colectivo llegó hasta las afueras del Congreso de la República el último domingo. En ese punto, la situación escaló y se produjeron enfrentamientos directos con las fuerzas del orden, que incluyeron el incendio de parte del mobiliario exterior del Parlamento.
Durante los disturbios, circularon videos en los que se escuchaban arengas para llevar objetos como gasolina y otros elementos a la marcha. Los actos de violencia también incluyeron el robo de una motocicleta a un efectivo policial en medio de la confrontación.
Solo en la jornada del domingo, se reportaron 18 agentes de la policía heridos, dos de ellos con pronóstico grave, tras los choques en el puente de Acho. Del mismo modo, se registraron imágenes de reacciones de algunos policías que golpearon a un periodista y a un adulto mayor.
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Debate sobre la identidad y los intereses de los manifestantes
La identidad del grupo convocante ha generado debate. El analista Jorge Villena sostiene que no se trata de la “Generación Z“, sino de “los mismos de siempre”, y mencionó la presencia de figuras políticas conocidas como Yonhy Lescano y Ricardo Belmont en el entorno de las marchas.
Según esta perspectiva, el objetivo sería engañar a un sector de la población que desea expresarse, pero que no comparte el uso de la violencia. Se advierte que los jóvenes con un ímpetu genuino por cambiar las cosas podrían terminar siendo “carne de cañón” de los organizadores que mueven estas protestas.





