La marcha nacional, que se esperaba estuviera liderada por la Generación Z, fue congregando a colectivos feministas, sindicatos, figuras de la izquierda radical, aspirantes a cargos de elección y contingentes llegados de diversas regiones.
En las redes sociales, la expectativa crecía. Con los hashtags #Marcha15O y #SomosGeneraciónZ, se promocionaba una gran movilización juvenil que prometía tomar las calles de la capital. La cita para la protesta en Lima estaba pactada para las cuatro de la tarde.
Marcha Nacional: una convocatoria de múltiples reclamos
La autodenominada “marcha de la Generación Z” se transformó en una amalgama de causas sin un eje conductor definido. Entre los manifestantes se escuchaban diversas consignas: algunos coreaban “¡Que se vayan todos!”, mientras otros pedían la renuncia del presidente José Jerí.
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Un tercer grupo de asistentes a la manifestación exigía una nueva mesa directiva en el Congreso de la República. En medio de las arengas políticas, también surgieron reclamos ciudadanos, principalmente por la inseguridad ciudadana que afecta a la población.
Desde el cruce de las avenidas Colmena y Wilson, un contingente, todavía reducido en ese momento, intentaba avanzar hacia el Palacio de Justicia. La escena se caracterizaba por banderas rojas, el sonido de cacerolas y ritmos de tambores improvisados que se perdían entre las diversas consignas.
Los transeúntes observaban la escena con distancia; algunos grababan con sus teléfonos móviles y otros preferían apurar el paso. No se percibía la masiva presencia de universitarios o influencers políticos que se había anticipado en la convocatoria inicial. En su lugar, se hizo presente un bloque radical, un participante habitual en este tipo de eventos.
De la Plaza San Martín al Palacio de Justicia
Hacia las seis de la tarde, la Plaza San Martín comenzó a recibir a un mayor número de manifestantes. En este punto emblemático del Centro de Lima, se mezclaban banderas del Perú con emblemas de organizaciones como Patria Roja, FENTAP, Frente Amplio y Nuevo Perú.
La diversidad de la Marcha Nacional también era geográfica. Se identificó la presencia de dirigentes de Cajamarca, colectivos provenientes de Puno y representantes de gremios magisteriales, entre otras agrupaciones regionales. El ambiente era ruidoso, pero también confuso por la falta de un propósito unificado.
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A diferencia de movilizaciones anteriores que tenían un objetivo político claro, esta se perfilaba como una sumatoria de frustraciones individuales y colectivas. El sentimiento que parecía unir a los presentes no era una causa común, sino una sensación de hartazgo generalizado.
Para las siete de la noche, el panorama de la movilización había cambiado por completo. Cientos de personas se desplazaron hacia las inmediaciones del Palacio de Justicia, superando las expectativas iniciales de asistencia, aunque con una composición de participantes diferente a la prevista.
No fue la Generación Z la que tomó las calles, sino una coalición diversa e improvisada de descontentos. El mensaje político de la jornada fue tan variado como las pancartas exhibidas. Grupos específicos exigían una asamblea constituyente, otros pedían elecciones adelantadas, mientras que un sector más amplio reclamaba por seguridad y trabajo.
Al caer la noche, algunos grupos comenzaron a dispersarse y otros se movilizaron hacia la avenida Abancay. La Policía Nacional del Perú, que había mantenido una presencia prudente durante gran parte de la jornada, se mantuvo a distancia mientras el clima se volvía más tenso. Fue en ese momento cuando individuos violentos empezaron a atacar a los agentes y a prender fuego, generando un foco de tensión.
La jornada concluyó con la imagen de una multitud que protestaba sin coincidir y avanzaba sin una dirección clara, dejando en el aire la pregunta sobre el futuro y el posible impacto de este movimiento.










