El llanto y la indignación se apoderaron de las calles de San Juan de Lurigancho (SJL). La familia de José Luis Ramos Olivares, un joven de 27 años asesinado a balazos, ha centrado su reclamo en un punto crítico: que el menor de edad intervenido tras el crimen no regrese a las calles.
El ataque ocurrió en el cruce de la avenida San Hilarión Oeste con la auxiliar de Próceres de la Independencia. Ramos Olivares se encontraba reparando su vehículo dentro de un taller de motocicletas cuando un sicario irrumpió en el lugar y disparó directamente a su pecho. Tras el ataque, el agresor huyó en una motocicleta donde un cómplice lo esperaba. Aunque la Policía trasladó a la víctima de urgencia, el joven falleció en el trayecto.
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Inseguridad en SJL: el temor a la impunidad por minoría de edad
La respuesta policial permitió la captura inmediata de un adolescente extranjero de 15 años, señalado como el conductor de la motocicleta utilizada para la fuga. Sin embargo, para la familia, esta detención no representa alivio, sino una angustia constante ante la posibilidad de que el sistema judicial lo libere por su edad. “Pedimos justicia, por favor. Es menor de edad, no lo vayan a soltar”, insistió la hermana del fallecido.
Según el testimonio de los deudos, el menor no sería un novato en el mundo delictivo. La hermana de la víctima aseguró que el intervenido estaría acostumbrado a este tipo de situaciones. “Entra y sale”, afirmó con amargura, expresando el temor colectivo de que las leyes actuales permitan que un implicado en un homicidio recupere su libertad en cuestión de horas.
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La familia sostiene que el detenido ya habría delatado al autor material, quien se encuentra prófugo. “Ya sabemos quién ha sido”, indicaron, sugiriendo que el atacante sería alguien conocido del entorno.
José Luis Ramos Olivares era el sustento de su hogar y deja en la orfandad a cuatro niños. Se dedicaba al comercio ambulatorio en el centro de Lima y, según su pareja, no tenía problemas conocidos que justificaran tal nivel de violencia.
Las cámaras de seguridad registraron el momento del ataque y la posterior huida, donde se observa al adolescente intentar cambiarse de ropa para despistar a las autoridades. El menor permanece en la Depincri 2 de San Juan de Lurigancho, mientras la familia vigila de cerca que el proceso no termine en la impunidad.










