El equipo de ‘Crónicas de Impacto’ visitó una de las provincias norteñas donde Robert Prevost, exobispo de Chiclayo y ahora nuevo sumo pontífice, comenzó su sagrada misión de compartir la palabra de Dios en suelo peruano.
León XIV llegó desde muy joven a Morropón, para ser exactos en el año 1985, cuando tomó la decisión de continuar con sus labores pastorales como miembro de la Congregación de San Agustín en dicha ciudad.
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Allí, los vecinos de la localidad lo recuerdan con mucho cariño, pues su gran carisma y sabios consejos sirvieron de ayuda para más de un fiel, al momento de atravesar situaciones complicadas propias de la vida terrenal.
Si bien, los predicamentos del papa era lo que más destacaba en su persona, muchos de sus seguidores que compartieron con él lo recuerdan por su buen comer, ya que era un fanático confeso de la gastronomía nacional, sobre todo de los dulces.
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La huella que ha dejado en Morropón es profunda. Su estilo pastoral, abierto y cercano, ha inspirado a muchos y ha generado un ambiente de celebración en la ciudad tras su nombramiento como sumo pontífice.










