Por Gonzalo Iwasaki
El vergonzoso escándalo de Alianza Lima, el delito que han cometido, tiene otras aristas que hay que analizar también: la indisciplina, ese temperamento del jugador peruano, juerguero, maleducado y que pone en riesgo más a su equipo.
Hernán Barcos tenía toda la razón del mundo y el problema para Alianza era Barcos: un tipo responsable que además hacía goles, salvaba a su equipo, que no participaba en juergas, nunca tuvo ningún escándalo, pero eso molestaba a los demás.
Zambrano fue el primero en pedir su cabeza: ‘Se va él o yo’. Y prefirieron sacar a Barcos. O sea, él era el problema. Estos dirigentes mediocres también tienen responsabilidad en ello y ahí están las consecuencias. ¿Ustedes creen que en la concentración de Alianza no entraban también mujeres o hacían cosas peores, si lo han hecho afuera?
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Y eso está además en el genoma del jugador peruano, eso es lo grave. Así no vamos a ir a ningún mundial. Y esto que ha pasado ha ocurrido también anteriormente, y muchos entrenadores lo toleraban. El mismo Ricardo Gareca era muy permisivo con Cueva y con otros; les dejaba hacer sus cosas porque en la cancha le rendían. Muchos entrenadores saben que eso ocurre acá, entonces, para no perder su puesto, se lo toleran. Markarián también fue víctima de ello en Sporting Cristal.
Entonces, estamos ante una situación que debe resolverse ya. Malos dirigentes, incluso de la Federación Peruana de Fútbol. Esto hay que acabarlo de una vez. Un jugador tiene que ser profesional, correcto. Barcos, Lavandeira, por ejemplo, Enrique, lo eran en Alianza Lima. Yo soy de la ‘U’, pero reconozco que Alianza es un equipo grande también y esto nos afecta a todos los peruanos. Puede uno ser hincha, pero defendemos nuestro fútbol.
Y no puede ser esto que ocurre. Pónganse en el hincha blanquiazul, hastiado, harto de ver esto, y le cuesta títulos, le cuesta competitividad. Qué duro debe ser ver a su equipo afuera, un autogol horrible ante jugadores que no son profesionales, que no son responsables.
Maltrataron a Hernán Barcos
Quiero contarles algo que conozco de muy buena fuente. Cuando un periodista deportivo defendía a Hernán Barcos, abogaba por él, no se explicaba por qué lo sacaban; venían los dirigentes mediocres de Alianza a decirle: ‘No hables, no lo defiendas porque es un mal elemento’. ¿Por qué mal elemento? ‘Porque es bocón, es soplón’. Él le contaba a la directiva lo que hacían los demás mal. Entonces, en lugar de apoyarlo, iban contra él.
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Que Hernán Barcos va al Comando Sur —que es la barra brava de Alianza— y les cuenta: ‘Miren lo que están haciendo’. Y claro, el Comando Sur iba a poner orden, a decir: ‘Oye, dedícate a jugar, no que estás haciendo juergas’. Eso hacía Hernán Barcos. Esa dirigencia es responsable de ello.
Por eso se entiende, se explica —no se justifica— la reacción del Comando Sur. Enterados del delito que han cometido en Montevideo, van al estadio a buscarlos y decirles: ‘Oye, ¿qué te pasa?’. O sea, por esas actitudes es que están perdiendo títulos, están jugando mal; la imagen que tiene este club afuera es pésima. Entonces van a pedir explicaciones.
Claro, se sobrepasaron, los agredieron, le pegaron a Paolo Guerrero, a Luis Advíncula, pero digamos, se entiende esa indignación, ese hartazgo que tienen los hinchas frente a esto. Ojo: dirigentes, jugadores… ¿El capitán dónde está? ¿El jefe de equipo? ¿El jefe de seguridad? ¿O es que las chicas pueden subir a un hotel sin que nadie se entere?
Entonces, esto va más allá del escándalo y el delito que ahora tendrán que pagar, porque es probable que vayan a la cárcel y bien merecido lo tienen. Pero basta ya, basta ya, porque si no, vamos a seguir jugando con la ilusión, con la fe de un hincha de fútbol que va a ver mal a su selección y a su equipo.










