La Generación Z ha vuelto a tomar las calles de Lima para manifestar su descontento con la clase política y la reciente reforma de pensiones.
Durante el fin de semana, cientos de jóvenes se congregaron en la Plaza San Martín, la avenida Abancay y el Paseo de los Héroes Navales, en una jornada que estuvo marcada por episodios de violencia y confrontaciones.
Cifra de heridos tras protesta de la Generación Z
Lo que inició como una manifestación con pancartas y consignas, en varios tramos, se convirtió en enfrentamientos con las fuerzas del orden. Las movilizaciones se extendieron por dos días, dejando un saldo de heridos entre policías, manifestantes y periodistas.
De acuerdo con las cifras disponibles, se reportaron entre 12 y 19 policías lesionados, 6 manifestantes heridos y 3 detenciones. Además, gremios periodísticos denunciaron agresiones contra reporteros que se encontraban documentando los hechos.
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Se registraron agresiones físicas como agentes empujados, lanzamiento de piedras y pirotecnia. También se documentó una escena en la que un policía cayó y fue agredido por varios manifestantes.
La violencia ejercida no solo puso en riesgo la integridad de los agentes de policía, sino también de los civiles y periodistas que cubrían la noticia. Los registros visuales mostraron intentos de los manifestantes de avanzar hacia el Congreso, según la Policía Nacional del Perú (PNP).
Contradicciones de las movilizaciones
La marcha, sin embargo, también mostró contradicciones simbólicas. El colectivo que protestaba y que, en un momento, rechazó a figuras políticas como Alfonso López-Chau, por considerarlas parte de la “vieja política”, no tuvo problema en ser fotografiado con Manuel Merino en otras ocasiones.
Durante la protesta, algunos organizadores y manifestantes se negaron a hablar con la prensa, demostrando una desconfianza hacia los medios que podría empobrecer el debate público.
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Aunque la Generación Z demostró valor para salir a las calles y exponerse, rehusó responder preguntas que podrían haber aclarado sus demandas. Esta falta de disposición al escrutinio público y la escasa claridad en sus ideas podría limitar su impacto.
Las movilizaciones juveniles podrían ser una señal positiva para el país, pero cuando se mezclan con violencia y un rechazo a la prensa, la movilización carece de fuerza.
Si la Generación Z aspira a ser un verdadero motor de cambio, es necesario que aprenda a explicar sus posturas, a asumir la crítica y a cuidar el espacio público que reclama. De lo contrario, corre el riesgo de ser considerada como una protesta efímera, ruidosa y violenta, sin ideas ni propuestas claras.










