Una llamada anónima a la comisaría de San Cosme evitó que un horrendo crimen quedara en la impunidad. El escenario fue un departamento en la cuadra 20 de la avenida Bausate y Meza, en La Victoria, donde la policía montó una vigilancia estratégica ante la sospecha de que el asesino regresaría para ocultar las evidencias.
El principal sospechoso, José Alejandro Romero Durand, fue interceptado en la puerta del inmueble. El mayor Frank Cubas, comisario de San Cosme, lideró la intervención grabada en video donde se le escucha ordenar: “Ven, ven, ven, deja el celular, deja la muleta, deja la muleta. Soy el mayor Cubas, comisario San Cosme. Espérate… siéntate ya”. Al registrarlo, los agentes hallaron una boleta de compra de una moledora de tres mil soles, herramienta que presuntamente usaría para desaparecer el cuerpo.
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“Se me pasó la mano”: el cínico relato del agresor
Según informó Trome, ya en la dependencia policial, Romero Durand confesó el asesinato de su conviviente, Beatriz Carolina Humpire Borda, vendedora del Mercado de La Parada. El sujeto intentó justificar el ataque alegando una discusión por celos: “Me empezó a reclamar y se fue a las manos y yo traté de defenderme. Y se me pasó la mano y yo no sabía qué hacer”.
Según su testimonio, el incidente ocurrió mientras sus dos menores hijas estaban en la sala. “Estábamos empezando a dormir y me estaba molestando por un caso, de que yo la había engañado. Entonces me estaba recordando eso y empezó a agredirme… y yo la agarré del cuello y le dije: ya calma, calma”, relató.
Ante la supuesta resistencia de la víctima, quien le habría dicho: “No, suéltame, te voy a denunciar, te voy a matar”, el sujeto sentenció: “Y yo: ‘cálmate, cálmate’, y se me pasó la mano”.
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Escena de horror en La Victoria
Durante dos días, el feminicida continuó con su rutina diaria y salió a vender sus productos mientras el cadáver permanecía en el baño. Al ingresar a la vivienda, los peritos de criminalística hallaron tinas con restos humanos y herramientas ocultas en costales: cuatro cuchillos, dos cúters, un serrucho y una tabla de picar.
Mientras los restos de Beatriz fueron sepultados en el cementerio El Sauce, Romero Durand cumple detención preliminar y enfrenta una posible condena superior a los 30 años de cárcel.








