La Navidad suele traer historias que confirman cómo los grandes milagros surgen de la mano de la solidaridad. Esta es la crónica de una cadena de amor diseñada para vencer el cáncer infantil en el Perú.
En la Casa Hogar Magia, el ambiente se transforma en un segundo hogar donde la esperanza es el motor principal. Este espacio permite que los pacientes oncológicos mantengan su esencia de niños mientras reciben su tratamiento médico.
María Berta Cajusol es la abuelita de Briana, una niña de 8 años que reside en esta fundación actualmente. A los 4 años, la pequeña fue diagnosticada con cáncer a la piel, iniciando una batalla que hoy continúa.
Desde Lambayeque, Briana llegó hace tres años para enfrentar un proceso que describe como largo y de mucha paciencia. A pesar de los desafíos, en este refugio ella ha aprendido a leer, escribir, cantar y sumar.
Para las familias que dejan sus hogares en provincias, este lugar representa un soporte vital ante la enfermedad. El acompañamiento permite que los menores se recarguen de fuerzas para seguir batallando por su salud.
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El modelo de gestión de la Asociación Magia
La Asociación de Voluntarias por los Niños con Cáncer nació formalmente en el año 2010 con un objetivo claro. Su misión es que ningún menor se quede sin tratamiento oncológico por falta de recursos económicos.
Christian Ames, gerente de la asociación, explica que el apoyo abarca todo lo que el paciente necesite. El soporte incluye desde el aspecto psicológico y emocional hasta las necesidades logísticas de la familia.
La filosofía de trabajo se basa en la visión de la Dra. Teresa Pasco, fundadora de esta iniciativa. Según su premisa, el cáncer se cura en un 50% con medicinas y el otro 50% con amor.
Los niños ingresan a través de referencias de los principales hospitales públicos del país para su atención. La fundación acoge al paciente y a su familia durante todo el proceso de recuperación y controles.
Este acompañamiento integral demuestra que la solidaridad es una herramienta real frente a los diagnósticos más complejos. La organización gestiona desde medicinas hasta la educación de los menores durante su estancia.
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Impacto social y oportunidades de apoyo voluntario
Casos como el de Jesusito, quien llegó desde Chincha hace dos años, ilustran el alcance de esta ayuda humanitaria. Su madre, Margarita Najar, destaca que el niño se siente feliz durante su permanencia en la casa.
El diagnóstico oncológico implica enfrentar constantes “altos y bajos” emocionales y físicos para los padres. Por ello, el soporte que brinda la Asociación Magia es fundamental para lograr la sanación definitiva.
Cualquier ciudadano tiene la posibilidad de convertirse en un “mago solidario” para financiar estas operaciones. El sistema de donaciones permite cubrir desde un mes de habitación hasta tratamientos específicos.
La labor de las voluntarias asegura que el entorno sea amable y profesional para cada niño. Esta red de apoyo busca cambiar positivamente la vida de los pacientes oncológicos de forma permanente.
¿Cuál es la meta final?
La meta final es que los pacientes alcancen sus controles finales y puedan reintegrarse a sus comunidades. La Casa Hogar Magia se posiciona así como un pilar crítico en la oncología pediátrica nacional.
A través de la colaboración ciudadana, se busca expandir el alcance de estos servicios a más provincias. La lucha contra el cáncer infantil requiere de un compromiso social constante más allá de las fechas festivas.










