Beto Ortiz lanzó una dura crítica contra lo que considera una maniobra distractora por parte del aparato estatal y mediático. Según el periodista, la difusión de imágenes de Andrés Hurtado, conocido popularmente como ‘Chibolín’, durante una requisa en el penal de Lurigancho, no es más que un ‘psicosocial’ diseñado para desviar la atención pública de temas de mayor gravedad institucional: el escándalo de la corrupción china.
El presentador cuestionó la “casualidad” de que, entre miles de internos, las cámaras de seguridad y de prensa oficial se enfocaran precisamente en la celda de Hurtado.
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“¿Cuál es la relevancia informativa? ¿Qué cosa demuestra en términos de estrategia de lucha contra la criminalidad que le hagan una toma a Andrés Hurtado? ¿Qué cosa aporta? ¿Para qué sirve? De cortina. De cortina de humo y nada más.”, inquirió Ortiz, sugiriendo que la imagen del exconductor, ataviado con una gorra y casaca deportiva, carece de valor periodístico real pero posee un alto valor de entretenimiento distractor.
¿Un recurso de distracción política? La mirada de Beto Ortiz
La tesis de Ortiz sostiene que la aparición de ‘Chibolín’ en un contexto carcelario cotidiano sirve para enfriar la indignación ciudadana respecto a las investigaciones que involucran a empresas chinas y presuntos sobornos en licitaciones públicas.
Para el comunicador, este tipo de intervenciones grabadas son “bastante chicha”, apelando a un estilo de sensacionalismo que busca saturar la agenda con personajes pintorescos mientras los temas de fondo se diluyen.
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El análisis sugiere que la lucha contra la criminalidad se está utilizando como un escenario de representación visual. En lugar de mostrar avances en la desarticulación de bandas organizadas o resultados tangibles en la seguridad ciudadana, el sistema se enfoca en la figura de un reo mediático cuya vida privada y condiciones de encierro generan morbo, pero no justicia.
Finalmente, Ortiz fue enfático al señalar que estas acciones solo sirven como una cortina de humo. La “relevancia de un reo entre miles” es inexistente si no hay una revelación que aporte a la seguridad nacional, dejando la sensación de que, en la política peruana, el espectáculo sigue siendo la herramienta predilecta para ocultar la crisis.





