La crisis en el sistema penitenciario peruano continúa profundizándose, evidenciada por el grave hacinamiento y los persistentes actos de corrupción que se registran en las cárceles. Según cifras oficiales del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), actualmente hay 103,342 internos a nivel nacional, pese a que la capacidad real de los penales es de solo 41,764 personas.
Esto representa una sobrepoblación promedio del 150%, un problema histórico que se ha agudizado en los últimos años.
En 2025, el hacinamiento aumentó once puntos porcentuales respecto al año anterior, un incremento que las autoridades atribuyen al avance de organizaciones criminales involucradas en extorsiones, robos, sicariato y tráfico de drogas. De los 69 penales del país, 50 están sobrepoblados, lo que evidencia un escenario crítico y difícil de controlar.
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INPE sobrepasado por el hacinamiento en cárceles
La falta de espacio y recursos ha convertido a las cárceles en centros altamente vulnerables frente al crimen organizado. El 80% de los problemas dentro de los penales está vinculado al ingreso ilegal de objetos prohibidos, entre ellos celulares y armas. Estos elementos se han convertido en herramientas clave para que reclusos sigan delinquiendo desde prisión, dirigiendo extorsiones, coordinando ventas de droga o realizando amenazas a través de redes sociales.
A pesar de los constantes anuncios de reformas, las soluciones no han sido efectivas frente a la capacidad operativa de las mafias que operan dentro de los penales.
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Corrupción: el negocio clandestino del alquiler de celulares
Una reciente investigación periodística reveló el funcionamiento del mercado clandestino de comunicaciones dentro de los penales. A través de pagos por billeteras digitales y contactos externos, los internos pueden alquilar celulares para realizar llamadas o conectarse a redes sociales. El costo puede llegar a 20 soles por media hora u hora, a lo que se suma un pago adicional para acceder a internet.
“[En caso puedas, con cuánto se resuelve eso?] Depende pe causa. Como te digo, yo estoy afuera en la calle, ahorita los problemas están adentro. (sis) Yo te puedo poner un precio. [¿Pero igual llega a él? ¿Por cuánto tiempo le das el celular?] Mira, la hora está 20 lucas. [Ya, yo te doy 40, pero la cosa es que quiero hablar con mi familiar pues”, conversó un periodista de ContraCorriente con un reo encargado hacer llegar un celular al interno que ha pagado.
El ingreso de celulares, armas y drogas sería imposible sin la participación de agentes penitenciarios. Este flujo constante de objetos prohibidos confirma que la corrupción sigue siendo la puerta de entrada de la delincuencia en los penales, perpetuando un sistema que parece imposible de controlar.










