Un caso de triple crimen ha conmocionado a Argentina en los últimos días, y el principal sospechoso es un joven peruano de 20 años. Su nombre es Tony Janzen Valverde Victoriano, pero en el mundo del hampa es conocido como el ‘Pequeño J‘.
Morena Verdi, Brenda del Castillo y Lara Morena Gutiérrez son los nombres de las víctimas que fueron asesinadas. La investigación policial maneja como principal teoría un ajuste de cuentas vinculado a una organización criminal dedicada al narcotráfico.
Según las primeras pesquisas, el detonante del crimen fue el presunto robo de cinco kilos de cocaína a la banda delictiva. La publicación de una fotografía con fajos de dólares habría sido el acto que sentenció a las jóvenes.
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Hipótesis del crimen de ‘Pequeño J’
La hipótesis de las autoridades sugiere que Lara, de apenas 15 años, fue quien sustrajo la droga de la organización criminal. Esta acción habría provocado la violenta represalia por parte de los miembros de la red de narcotráfico, quienes las encontraron y acabaron con sus vidas.
Los reportes indican que los cuerpos de las jóvenes presentaban signos de violencia extrema. Fueron mutiladas, quemadas y descuartizadas, en un acto que ha generado la indignación de la sociedad y el clamor de justicia por parte de sus familias.
Periodistas argentinos que cubren el caso han señalado que las víctimas habrían estado vinculadas a la prostitución. El nivel de sadismo del crimen ha llevado a calificar al autor como un individuo de alta peligrosidad.
El legado criminal de ‘Pequeño J’
El perfil del ‘Pequeño J’ revela una vida marcada por la delincuencia desde su infancia en el Perú. Su nombre, ‘Tony’, fue elegido por su padre en referencia a Tony Montana, el personaje de la película “Caracortada”.
Creció en el asentamiento humano Nueva Indoamérica, en el distrito de La Esperanza, una de las zonas con mayor índice de criminalidad y sicariato en Trujillo. En este entorno, el ‘Pequeño J’ se formó bajo una herencia delictiva familiar.
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Su padre, Janhzen Valverde Rodríguez, fue un integrante de la organización criminal “Los Injertos de Nuevo Jerusalén”. Este fue asesinado a tiros en 2018 durante un enfrentamiento entre bandas que se disputaban el control territorial en el distrito de La Esperanza, en Trujillo.
La influencia de su padre fue directa, inculcándole desde niño que debía ser un “bandido”. Su familia representa hasta tres generaciones de delincuentes, con tíos involucrados en el sicariato y las extorsiones, lo que convirtió su crianza en una verdadera escuela del crimen.
El caso sigue en pleno desarrollo y se espera que en las próximas horas se revelen nuevas pistas de este triple crimen. La investigación abarca una trama de narcotráfico, prostitución y una venganza sangrienta que mantiene en vilo a las autoridades de Argentina.









