La fatídica caída del techo del Real Plaza en Trujillo paralizó al Perú entero, por las seis muertes que se pudieron evitar y por la negligencia inexcusable.
“Para mí, Real Plaza es un cementerio provocado por personas que pudieron prevenirlo”, dice Diana Estela, una de las sobrevivientes de esta tragedia, para ‘ContraCorriente’.
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A 20 días del suceso, las secuelas siguen perennes y sus víctimas aún no reciben la ayuda necesaria a pesar de que Real Plaza ha prometido y divulgado un apoyo incondicional a los afectados.
El total de seis fallecidos y más de 70 heridos deja una marca en la memoria de todos los peruanos y más aún en los que sufrieron esta tragedia en carne propia, teniendo que estar recluidos en cuatro paredes de una clínica aguardando, con cierta esperanza, volver a ser los de antes.
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En esa línea, dos hermanas que fueron víctimas de la tragedia en Trujillo están siendo atendidas en una clínica de Lima y hoy en ‘ContraCorriente’ nos cuentan su historia desde el cuarto donde están hospitalizadas.
Ellas son Diana y Rosmeri, quienes estuvieron bajo los escombros de esa noche del viernes 21 de febrero.









